viernes, 26 de julio de 2013

http://www.pequesymas.com/

Las nuevas generaciones de nativos digitales no aprenderán caligrafía (ni ortografía)
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Más allá de los deberes que los peques hacen en casa me parece que es complicado verles coger un lápiz y un papel para realizar trabajos de escritura y prácticas de caligrafía. Y es que con toda la tecnología que tienen a su disposición no parece necesario ponerse a utilizar un dispositivo tan escasamente atractivo como un lápiz cuando desde una pantalla, incluida la televisión, se pueden acceder a un universo lleno de ocio y entretenimiento.
Además conforme los peques crecen el uso de la tecnología se integra más en su vida y pasamos a la fase en la que los mensajes con amigos y compañeros son habituales, y claro, ahí la simplificación en la escritura lleva a dar patadas al diccionario y obviar las enseñanzas de ortografía en el colegio.
Así que en Carolina del Norte, en Estados Unidos, se han apresurado a redactar un proyecto de ley que ordena que la escritura se enseñe en todas las escuelas primarias del estado. Sin embargo ni siquiera la nostalgia es motivo suficiente para obligar a los estudiantes a aprender algo que no es fundamental para su educación.
Y el reto es integrar la caligrafía y la ortografía en las aplicaciones que corren en los dispositivos móviles como iPads y similares. En España tenemos muchas iniciativas, algunas de ellas las hemos contado en Peques y Más, que me imagino que se pueden aplicar en clase o en casa para que los peques practiquen, aún con las limitaciones de estos dispositivos, la caligrafía.
En todo caso y aunque nos cueste reconocerlo, ni la caligrafía ni la ortografía tienen mucho recorrido en el futuro. La tecnología ha avanzado una barbaridad y cualquier forma de comunicarnos se puede realizar utilizando un teclado. Y sobre la ortografía, cada vez están más integrados los diccionarios y los correctores de texto en las aplicaciones para evitar cometer errores.
Y para darse cuenta del impacto de la pérdida de la escritura no hay más que darse una vuelta por cualquier gran almacén y observar como los espacios dedicados a la escritura a mano están siendo sustituidos por venta de dispositivos electrónicos de lectura y de acceso a ocio.